La hazaña de Bigelow

Las teorías son diversas: el New York Times asegura que ganó el Oscar porque se quería estar acorde con el Día Internacional de la Mujer. CNN lo atribuye a un cambio generacional al interior de la Academia, que se ha vuelto liberal. Peter Bradshaw, crítico de The Guardian), señala que su mérito fue mantener el toque femenino en un ambiente machista. Salvador Quiauhtlazollin, especilista del programa de radio Cinemamotion, piensa que su fortaleza fue hacer una película antibélica que muestra respeto por las tropas estacionadas en Irak. Mauricio Montiel, escritor y especialista en cine, lo explica como “la culminación de una carrera femenina en Hollywood, donde Bigelow venía apuntando a esta gran calidad cinematográfica”.

Luego de que Barbara Streisand abriera el sobre con el nombre del ganador a Mejor Director, el mundo se ha volcado a tratar de explicar por qué la Academia se inclinó por la película de Kathryn Bigelow, de bajo presupuesto, y no por la taquillera Avatar.

Montiel Figueras explica quién era Kathryn Bigelow antes del fenómeno Oscar: “Era una cienasta de culto, recuerdo por ejemplo Near Dark de los años 80, que se ha vuelto un filme de culto. Es una cineasta que se ha movido en cine de géneros, transitó del terror o del gore, a la ciencia ficción con Días extraños, luego se metió en esta película de trama espantosa, Punto de quiebra; yo espero que continúe ofreciendo alternativas”.

Salvador Quiauhtlazollin la llama “una directora competente para manejar bajos presupuestos y con una firma personal”.

Pero para entender esa “firma personal” hace falta ir más atrás y preguntarse ¿quién era Kathryn Bigelow antes de ser directora? Nació en California y ahí fue criada por sus padres (un presidente de una compañía de pinturas y una bibliotecaria) pero muy joven atravesó Estados Unidos para mudarse a Nueva York, donde ganó una beca para estudiar pintura en el Whitney Museum.

Vivió los excitantes años 80 del barrio Tribecca de Manhattan; es decir, aquella época en que la zona se llenó de artistas que usaban viejos edificios y fábricas como estudios de arte. De hecho, Bigelow se ganaba la vida remodelando esos departamentos en compañía de Philip Glass, quien manejaba un taxi de día y daba conciertos en la noche: “Yo colocaba paredes y él se encargaba de la tubería; de hecho, yo le decía que las autografiara porque algún día sería famoso”.

Estaba pues Kathryn tratando de ser pintora cuando se topó con el cine: “Me di cuenta de que podía lograr algo similar a la pintura pero de un modo masivo”. Hizo entonces un mediometraje titulado The Loveless (1982), que ahora es conocido entre los cinéfilos como “la película del hombre pensante en bicicleta”; y luego emprendió el mismo camino que había hecho en su juventud pero de regreso: atravesó Estados Unidos para estudiar en Los Ángeles un curso de cine de género, según la revista Time.

A partir de su regreso a Los Ángeles para estudiar cine a mediados de los 80, la biografía de Bigelow ha sido bien documentada y difundida, sobre todo a partir de que desde el domingo hizo historia: es la primera mujer en ganar un Oscar a Mejor Director.

Ella sabe que el momento en que Streisand lo anunció fue histórico pero ahora piensa en el futuro con un deseo no para ella, sino para las mujeres que quieren ser cineastas: “Espero ser la primera de muchas más ganadoras del Oscar. Estoy muy agradecida por poder ser la inspiración de algunos jóvenes, hombres y mujeres, intrépidos y tenaces que sienten que pueden hacer sus sueños realidad”, dijo ayer luego de la ceremonia.

Armando Reyna, especilista en cine de la estación de radio Los 40 principales, resalta esta condición pero se muestra escéptico respecto a la Academia: “Es la primera mujer en ganar; ésa es la definición. Esto no significa que haya más apertura para ellas, es sólo un reconocimiento a la gran directora en una ceremonia que es machista, racista y en ocasiones temática, como hace años fue latina, pero siguen el mismo esquema”.

La hazaña de Bigelow tiene dos últimos elementos importantes. Primero, ganó el Oscar sin haber sido un gran éxito en taquilla (recaudó 14.7 millones de dólares en Estados Unidos, la cifra más baja para una ganadora del premio de la Academia); y segundo, su carrera se compone apenas de ocho películas. Ella bromeó: “A Scorsese le tomó 70 filmes ganarlo, así que soy afortunada”.

El crítico del Chicago sun, Roger Ebert, parece tener la mejor teoría: “Ganó simplemente porque hizo la mejor película”.

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